estaba buscando su fin, el porqué de la vida extraña. las plumas de los pájaros surcaban los mares volando con fe. veía lejos el punto omega. el viento le susurra recuerdos tristes y nostalgias arrugadas por el paso del tiempo, el sonido del reloj marcaba su paso, el paso de la dimensión eterna que no tiene fin. y el niño esperaba sentado viendo la vida y la oscuridad blanquecina, inundándole un sentimiento, uno, uno sólo. el tiempo no acaba, espera, paciente, y continuará en un universo incomprendido, sin forma ni tamaño, con vida interminable. y segura buscando su fin. el reloj huía graciosamente y marcaba su senda, adiós, adiós.
Iñigo Sanz Santos

